Orar desde el Silencio
2019 Jul 17/ By / 0 comment

Mi día comienza temprano. Primero hay que despertar el cuerpo y para eso una ducha silenciosa, para no molestar al resto de la familia, es lo mejor. Empiezas a tomar conciencia de tu cuerpo físico, percibes como el agua y su temperatura en cada momento produce una reacción en ti,.

¿Qué es La Palabra?
La Sección LA PALABRA  nos servirá como marco del mes donde se enmarcarán todas las diferentes secciones.

Cada mes descubriremos una Palabra de Dios, Salmo o texto bíblico que nos invitará a reflexionar y trabajar; relacionada con los tiempos litúrgicos, las fiesta de la Iglesia, las festividades de la Familia Consolación, los acontecimientos mundiales y eclesiales que nos inviten a vivir el día a día…

A través de un pequeño comentario, recursos, dinámicas, materiales audiovisuales… sobre la Palabra, encaminamos nuestra formación mensual. Cada uno desde el punto de vista personal de los autores y su mirada al mundo actual y forma de entender la Palabra y el lenguaje de Dios.

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Una oportunidad para «beber de la fuente de agua viva«, de gustar y saborear, de «probar cuán dulce es Dios» a través de su Palabra.

Orar desde el Silencio

 

Mateo 6, 6-9

“Cuando tú vayas a orar…»

Leer 'la oración''

«Cuando tú vayas a orar, entra en tu habitación, cierra la puerta y reza a tu Padre a escondidas. Y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.Cuando recéis no seáis palabreros como los paganos, que piensan que a fuerza de palabras serán escuchados. No los imitéis, pues vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de que se lo pidáis.» 

 

 

 

Mi día comienza temprano. Primero hay que despertar el cuerpo y para eso una ducha silenciosa, para no molestar al resto de la familia, es lo mejor. Empiezas a tomar conciencia de tu cuerpo físico, percibes como el agua y su temperatura en cada momento produce una reacción en ti, desde la coronilla hasta los pies. El cuerpo despierta y se hace presente…

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A la mente le cuesta menos activarse, es cuestión de abrir los ojos después de un sueño reparador y profundo para comenzar su actividad frenética. Ese fluir de pensamientos que ya desde muy temprano y sin darnos cuenta, en la mayoría de las ocasiones, forman el ruido de fondo que nos acompaña constantemente.

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Comienzo recitando, atenta y amorosamente, el Padre Nuestro como si de un mantra o jaculatoria se tratase, precisamente para empezar a silenciar ese ruido interior. El silenciamiento interior va acompañado de la quietud exterior, en la que me dispongo por medio de una postura corporal alerta, pero al mismo tiempo relajada. En el espacio que tenemos dispuesto en casa de apenas un metro cuadrado, que es mi lugar sagrado en ese momento, me siento sobre mis piernas en «seiza», con la columna derecha, los ojos cerrados, la cabeza levemente inclinada hacia abajo y las manos enfrentadas poniendo toda mi atención en el corazón. De este modo comienzo mi tiempo diario de oración contemplativa o meditación.

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Es curioso como echando la vista atrás, puedo recorrer las distintas formas en las que me he dejado atravesar por el Misterio. En catequesis comencé aprendiendo las oraciones tradicionales de memoria, recitándolas sin apenas comprender lo que éstas perlas de sabiduría encerraban, diariamente y sobre todo al ocaso del día, como una acción de gracias vacía de juicios y etiquetas.

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Jesús de Nazaret, en mi juventud y en mi adolescencia fue un importante referente en mi modo de vivir la vida, en el modo de relacionarme con los demás, en el modo de tomar decisiones… conversando con Él en oración.

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Ya como adulto, fui tomando decisiones personales de vida que conllevaron responsabilidades y pasos comprometidos, que me fueron introduciendo en otros modos de orar: la liturgia de las horas, la oración compartida y estructurada, la lectura de los Evangelios en clave personal, la introspección, …

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No hay un modo de orar superior o mejor a otro, nada tiene que ver el crecimiento espiritual para considerar que hemos ido superando etapas y que ha llegado el momento de desechar todo lo anterior. La oración, según la vivo, es una de las formas en que llegamos a la experiencia de Dios y cada persona en su momento tiene la suya.

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Un día experimenté una de esas formas de orar, la contemplación o como en las tradiciones orientales se dice, la meditación. Fui integrándola progresivamente en mi práctica diaria. Terminó siendo un momento obligatorio e imprescindible al mismo tiempo, en mi vida. Habría mucho que decir y al mismo tiempo nada que decir de la contemplación, ya que es sencillez, simplicidad, ausencia de todo, hay que ir soltando todo… las ideas, los conceptos, las imágenes, las palabras, los sentimientos, las emociones, los objetivos, los logros, los fracasos, las molestias, las distracciones… todo lo que creemos ser y poseer, para sencillamente estar, para humildemente Ser.

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[…] Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: “Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y sígueme”. […]

(Marcos 10, 17-27).

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Héctor Mediavilla, Granada (España)

Parte de Hablad al Corazón #10 – julio 2019